Se muestran los artículos pertenecientes al tema Desde la luna.
Lenguaje perdido
Tengo un sobrino de once meses que habla mucho; lo que pasa es que los demás somos torpes y no le entendemos. Dice un buen amigo que habla en un lenguaje mágico, al que sólo tenemos acceso cuando somos pequeños y cuyos códigos olvidamos a medida que nos hacemos mayores. Tal vez sea ese lenguaje el que buscamos al escribir, aquel capaz de conectar con el misterio de todas las cosas.
Comprendo la desesperación del pequeñajo cuando habla y habla, nos señala con el dedo suplicante y amenazante a la vez porque no le comprendemos; lo mismo me pasa cuando escribo la misma frase de cien formas distintas sin conseguir expresar lo que quiero.
Comprendo la desesperación del pequeñajo cuando habla y habla, nos señala con el dedo suplicante y amenazante a la vez porque no le comprendemos; lo mismo me pasa cuando escribo la misma frase de cien formas distintas sin conseguir expresar lo que quiero.
Año de nieves...
Que a cada uno le traiga (o le conserve) sus más preciados bienes.Fragmento de Gastón Bachlelard, en "La terre et les réveries de la volonté"
"Si destruís los sueños, aplastáis al obrero. Si descuidáis los poderes oníricos del trabajo disminuís, aniquiláis al trabajador. Cada trabajo tiene su onirismo, cada materia trabajada aporta sus sueños íntimos. El respeto a las fuerzas psicológicas profundas debe conducirnos a respetar contra todo atentado el onirismo del trabajo. Nada bueno se hace a desgana, es decir, a contrasueño. El onirismo del trabajo es la condición misma de la integridad mental del trabajador. ¡Ojalá venga un tiempo en que cada trabajo tenga su soñador titulado, su guía onírica, en que cada manufactura tenga su oficina poética!"
Tomado del libro de Savater "Invitación a la ética"
Tomado del libro de Savater "Invitación a la ética"
Paréntesis en la ficción
Parece que nada nos conmueve. Gastamos las palabras hablando de temas que no conocemos. Ayer Pilar nos recordó que el Congreso es un instrumento del pueblo y para el pueblo. El pueblo es soberano, y su voz debe escucharse. La política no es el fin, sino el medio; el fin somos los ciudadanos. Estamos perdiendo la capacidad de hablar de persona a persona, de experiencia vital a experiencia vital; todo tiene un signo y un color. Desprestigiamos a alguien cuando conocemos su filiación política, como si el hecho de tener una ideología invalidara al resto de la persona. Algunos creen que el duelo por un hijo es menos doloroso según de qué partido. Es el efecto del prejuicio, que nos hace categorizar a las personas en función de un solo rasgo, ya sea de tipo racial, ideológico o respecto a su clase social.
Los medios de comunicación nos "informan" sobre la vida pública como si fuese una crónica deportivo, en la que se apuntan tantos uno y otro equipo. Ni siquiera la literatura está libre, porque unos y otros periódicos promocionan o ningunean a los escritores en función de su supuesto color.
Gracias, Pilar, por devolvernos la voz. Vaya nuestro grito para todos los que la perdieron aquel terrible día, y que ese grito ensordezca a todos los que antes de llorar preguntan de qué color eran su piel y su voto.
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Los medios de comunicación nos "informan" sobre la vida pública como si fuese una crónica deportivo, en la que se apuntan tantos uno y otro equipo. Ni siquiera la literatura está libre, porque unos y otros periódicos promocionan o ningunean a los escritores en función de su supuesto color.
Gracias, Pilar, por devolvernos la voz. Vaya nuestro grito para todos los que la perdieron aquel terrible día, y que ese grito ensordezca a todos los que antes de llorar preguntan de qué color eran su piel y su voto.
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Para Dalia
No te olvidamos, preciosa. Nos dejaste una sonrisa enorme y la ilusión en tus ojos. Cada vez que encuentro un paisaje hermoso, lo miro para tí, por las oportunidades que no tuviste de hacerlo.
Que las preocupaciones sin sentido no nos impidan disfrutar los años que a tí te quitaron;
que no perdamos la capacidad de distinguir qué es importante.
No te olvidamos.
Memoria
No es cierto que seamos sólo nuestra memoria porque, de ser así, al perderla nos perderíamos. Somos, también, memoria de los demás y memoria en los demás. Lo que somos en otros y lo que de ellos llevamos es lo que nos salva de la muerte. Los padres que pierden a su hijo son un agujero de dolor, pero guarda lo más preciado de quien se fue: su memoria. Memoria, recuerdo que va dando a otros y que así perdura entre las generaciones.
Tal vez por eso cuanto mayor es la tragedia mayor es el grado de permanencia, y en más gente. Los que hemos leído la historia personal de cada una de las víctimas del 11-M, las traeremos a nuestro recuerdo aun dentro de unos años, desencadenada su imagen por cualquier estímulo. Así también recordamos por siempre a los seres queridos, sin importar cuántos años sin ellos.
Nuestra vida se entrelaza con otras desde que nacemos. Cuando rememoramos algún momento de nuestra vida, solemos asociarlo a la presencia de otra persona, que permanecerá en nuestra memoria, y nosotros en la suya. Así, no es cierto que perdamos todo al perder la memoria; aun cuando todo nuestro ser sea fulminado por el tiempo, alguien nos traerá ante un álbum de fotos.
Tal vez por eso cuanto mayor es la tragedia mayor es el grado de permanencia, y en más gente. Los que hemos leído la historia personal de cada una de las víctimas del 11-M, las traeremos a nuestro recuerdo aun dentro de unos años, desencadenada su imagen por cualquier estímulo. Así también recordamos por siempre a los seres queridos, sin importar cuántos años sin ellos.
Nuestra vida se entrelaza con otras desde que nacemos. Cuando rememoramos algún momento de nuestra vida, solemos asociarlo a la presencia de otra persona, que permanecerá en nuestra memoria, y nosotros en la suya. Así, no es cierto que perdamos todo al perder la memoria; aun cuando todo nuestro ser sea fulminado por el tiempo, alguien nos traerá ante un álbum de fotos.
Sueños
Ayer el periódico hablaba sobre una mujer que había perdido la capacidad de soñar. Explicaba cómo a consecuencia de una lesión, desde hacía unos años su cerebro no producía sueños o, si lo hacía, ella no podía recordarlos.
He conocido a muchas personas que dicen no recordar lo que sueñan; yo no me imagino sin esas rupturas que introducen los sueños en este mundo tranquilo. Espacios imposibles, campos, playas, encuentros con los que nos dejaron, deseos sólo allí realizados, besos tan dulces que quedan en los labios al despertar. Huidas, vuelos sin alas, objetos que se mueven. Mundos futuros, pesadillas que nos hacen dar gracias por lo que tenemos al abrir los ojos. El rastro de una sensación que se esconde en nuestra cabeza sin que podamos definirla.
Sueños mientras dormimos que nos permiten soñar despiertos; me pregunto cómo vive aquel que ha dejado de soñarse.
He conocido a muchas personas que dicen no recordar lo que sueñan; yo no me imagino sin esas rupturas que introducen los sueños en este mundo tranquilo. Espacios imposibles, campos, playas, encuentros con los que nos dejaron, deseos sólo allí realizados, besos tan dulces que quedan en los labios al despertar. Huidas, vuelos sin alas, objetos que se mueven. Mundos futuros, pesadillas que nos hacen dar gracias por lo que tenemos al abrir los ojos. El rastro de una sensación que se esconde en nuestra cabeza sin que podamos definirla.
Sueños mientras dormimos que nos permiten soñar despiertos; me pregunto cómo vive aquel que ha dejado de soñarse.
Despedida
Una despedida es siempre triste y sucia. No importa si eres el que se queda en el andén, agitando una mano que desea ser gancho, o viajero asustado y nervioso que ve difuminarse todo lo que amó. La despedida es, para todos, un agujero lleno de lágrimas por el que se cuela el frío de la ausencia.
Unas veces buscada y otras impuesta, la despedida puede ser necesaria para crecer, pero no siempre es así. Hay despedidas afiladas como una llamada en mitad de la noche, como una carta que no llega, como unos brazos que sujetan un cuerpo. Hay despedidas lentas y progresivas como hilera de hormigas, que dan tiempo a reaccionar y a preparar el pañuelo; otras fugaces y súbitas como tormentas de verano.
Hay despedidas que se van, y otras se agarran como parásitos, gusano que traga la vida y la alegría, velo que no deja entrar nada azul en las miradas. Hay despedidas que se arreglan con el mar, y otras que sólo se remiendan.
Hay tantas despedidas...
Unas veces buscada y otras impuesta, la despedida puede ser necesaria para crecer, pero no siempre es así. Hay despedidas afiladas como una llamada en mitad de la noche, como una carta que no llega, como unos brazos que sujetan un cuerpo. Hay despedidas lentas y progresivas como hilera de hormigas, que dan tiempo a reaccionar y a preparar el pañuelo; otras fugaces y súbitas como tormentas de verano.
Hay despedidas que se van, y otras se agarran como parásitos, gusano que traga la vida y la alegría, velo que no deja entrar nada azul en las miradas. Hay despedidas que se arreglan con el mar, y otras que sólo se remiendan.
Hay tantas despedidas...
