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Escribir
Guardo las palabras en un baúl de roble,
como pergaminos amarillos que se rompen al tocarlos.
Lo que he sido en cada instante
está escrito en esas hojas.
Cada vez que lo abro
y soy un cuento
o desenredo un poema,
copio algo de mí que se quiebra para siempre.
como pergaminos amarillos que se rompen al tocarlos.
Lo que he sido en cada instante
está escrito en esas hojas.
Cada vez que lo abro
y soy un cuento
o desenredo un poema,
copio algo de mí que se quiebra para siempre.
Poesía
Volar de trás de las imágenes,
ser más rápido que ellas.
Con una red de mariposa
cazarlas un instante,
ponerlas encima de la mesa
y dibujarlas en estas palabras.
ser más rápido que ellas.
Con una red de mariposa
cazarlas un instante,
ponerlas encima de la mesa
y dibujarlas en estas palabras.
Mañana
Mañana...
Llego tarde a trabajar o, mejor, no llego. Salgo de casa como todos los días, y desayuno en el bar de Luis. Leo el periódico, y en él un anuncio pidiendo violinistas para la orquesta nacional. Recuerdo que hace años fui la mejor violinista, y decido presentarme. La prueba es a las nueve, así que no tengo tiempo de buscar el instrumento; alguien me dejará el suyo.
Llego al edificio cuando ya han empezado las audiciones. Hablo con una chica que sale, y accede a prestarme su violín. Me pongo a tocar en la sala de espera para soltar las manos, hace años que no practico.
Comienzo a tocar y todo se difumina, soy la madera, las cuerdas, el sonido que me envuelve y me transporta a tantos momentos pasados en los que la música y yo fuimos uno. Cierro los ojos y los veo a mi alrededor, mamá en la cocina y los niños, alegres, jugando en el salón.
Alguien tira de mi brazo y me trae de vuelta al mundo. Son los miembros del jurado, les ha gustado tanto cómo toco que la plaza es mía. Una voz lejana repite mi nombre.
- Maite Alzaba. Maite Alzaba...
Es la enfermera, me toca pasar a mí. Si supiera tocar el violín, mañana empezaba otra vez, pero como no sé, mañana...
Empiezo a escribir.
Llego tarde a trabajar o, mejor, no llego. Salgo de casa como todos los días, y desayuno en el bar de Luis. Leo el periódico, y en él un anuncio pidiendo violinistas para la orquesta nacional. Recuerdo que hace años fui la mejor violinista, y decido presentarme. La prueba es a las nueve, así que no tengo tiempo de buscar el instrumento; alguien me dejará el suyo.
Llego al edificio cuando ya han empezado las audiciones. Hablo con una chica que sale, y accede a prestarme su violín. Me pongo a tocar en la sala de espera para soltar las manos, hace años que no practico.
Comienzo a tocar y todo se difumina, soy la madera, las cuerdas, el sonido que me envuelve y me transporta a tantos momentos pasados en los que la música y yo fuimos uno. Cierro los ojos y los veo a mi alrededor, mamá en la cocina y los niños, alegres, jugando en el salón.
Alguien tira de mi brazo y me trae de vuelta al mundo. Son los miembros del jurado, les ha gustado tanto cómo toco que la plaza es mía. Una voz lejana repite mi nombre.
- Maite Alzaba. Maite Alzaba...
Es la enfermera, me toca pasar a mí. Si supiera tocar el violín, mañana empezaba otra vez, pero como no sé, mañana...
Empiezo a escribir.
Escribir es...
Una necesidad, un gusanillo, como el deseo físico, el deseo de saber, de viajar, de ver, de volar, de ser, de vivir, de amar, de soñar, de pensar, de sentir, de disfrutar, de oler, de caminar, de correr a veces, de huir, de seguir adelante, de no seguir más, de esperar, de gritar, de cantar, de contar tanto, de callarlo todo, de odiar, de expresar rabia, ira, dolor, ternura, esperanza, de tender una mano, de abrazar, de dar un beso, de recibirlo, de querer tanto, de que alguien me pida “ven conmigo”, de pedirlo yo, de descifrar el secreto de una catedral, una montaña, un soplo, la brisa, el mar, los pescadores, una planta, el otoño, la luz, todas las estrellas, las noches de verano, el cariño, una caricia... De arreglar el mundo, de repartirlo entre todos, de bajar a unos cuantos, reflotar las pateras, devolver la vida, espantar la muerte, coger un tren y llegar hasta el borde del mapa.