Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2004.
Directo al mar
Agustín se sujeta con fuerza al abrigo de su madre. Alza la vista, y la ve gesticular. Se aleja un poco del montón de los plátanos para ver quién está al otro lado: los vendendores de fruta, vestido de blanco, se mueven deprisa por detrás de una barrera de colores.
Como camina hacia atrás, choca con algo y se asusta; un señor muy grande le sonríe desde arriba, y Agustín balbucea una disculpa. El golpe le sitúa en una perspectiva diferente: delante de él ya no están las montañas de fruta, sino algo mucho más extraño. Decenas de peces muertos le miran con la boca abierta. Agustín los contempla con un gesto de asco, y de pronto descubre que hay algo de vida entre el hielo. A un lado, apiladas, tres cajas de cangrejos que agitan sin parar. Uno de ellos ha conseguido escapar, y camina torpe por el suelo ennegrecido del mercado. Agustín mira al señor que vende el pescado; por suerte no se ha dado cuenta de nada. Disimulando como los detectives de sus cuentos, se acerca cada vez más hasta donde está el cangrejo: hay que conseguir que escape.
Caminando despacio logra interponerse entre el animalito y el señor del pescado, que sigue sonriendo a los compradores. Se gira para comprobar, ya aliviado, que el cangrejo ha alcanzado el reguero del agua, donde no pueden verle. "A lo mejor mañana llega al mar", piensa Agustín que vuelve, feliz, a contarle a su madre la hazaña del cangrejo.
Como camina hacia atrás, choca con algo y se asusta; un señor muy grande le sonríe desde arriba, y Agustín balbucea una disculpa. El golpe le sitúa en una perspectiva diferente: delante de él ya no están las montañas de fruta, sino algo mucho más extraño. Decenas de peces muertos le miran con la boca abierta. Agustín los contempla con un gesto de asco, y de pronto descubre que hay algo de vida entre el hielo. A un lado, apiladas, tres cajas de cangrejos que agitan sin parar. Uno de ellos ha conseguido escapar, y camina torpe por el suelo ennegrecido del mercado. Agustín mira al señor que vende el pescado; por suerte no se ha dado cuenta de nada. Disimulando como los detectives de sus cuentos, se acerca cada vez más hasta donde está el cangrejo: hay que conseguir que escape.
Caminando despacio logra interponerse entre el animalito y el señor del pescado, que sigue sonriendo a los compradores. Se gira para comprobar, ya aliviado, que el cangrejo ha alcanzado el reguero del agua, donde no pueden verle. "A lo mejor mañana llega al mar", piensa Agustín que vuelve, feliz, a contarle a su madre la hazaña del cangrejo.
Últimas palabras
Ven, siéntate; tengo algo que contarte:
Ayer por la mañana, mientras limpiaba los libros, encontré una foto. Era yo con siete años, frente al mar. Mira esta sonrisa; es posible que tú no la hayas visto nunca. He intentado repetirla frente al espejo, pero sólo consigo una mueca triste;esa sonrisa ya no vive en mí. Y mira mis piernas. Tenía cardenales, pero no dolían porque cada uno de ellos era un descubrimiento del mundo.
No te vayas; es importante. Mis hijos merecen la oportunidad de sonreir así.
¿Qué haces? Suelta eso. Ya no puedes hacerme daño; he hablado con la policía.
Ayer por la mañana, mientras limpiaba los libros, encontré una foto. Era yo con siete años, frente al mar. Mira esta sonrisa; es posible que tú no la hayas visto nunca. He intentado repetirla frente al espejo, pero sólo consigo una mueca triste;esa sonrisa ya no vive en mí. Y mira mis piernas. Tenía cardenales, pero no dolían porque cada uno de ellos era un descubrimiento del mundo.
No te vayas; es importante. Mis hijos merecen la oportunidad de sonreir así.
¿Qué haces? Suelta eso. Ya no puedes hacerme daño; he hablado con la policía.
Cada día
La vida
es un horizonte
al que nunca llegamos.
Por eso
no disfrutar el camino
es no vivir.
es un horizonte
al que nunca llegamos.
Por eso
no disfrutar el camino
es no vivir.
Desnudos los espejos
Nos hemos encontrado
en este lugar
donde,
desnudos los espejos,
el uno frente al otro,
no caben las mentiras.
No es tiempo de disfraces, y las palabras
pierden sus adornos.
Es el momento
de mostranos las verdades.
Desnudos los espejos,
parecen más limpias las miradas.
Repites tus palabras;
repito mis promesas.
Todo se romperá en pedazos
si habitan las mentiras.
Sólo hay silencio.
Ahora sabemos,
sin ninguna duda,
que nuestras palabras
siempre fueron sinceras.
en este lugar
donde,
desnudos los espejos,
el uno frente al otro,
no caben las mentiras.
No es tiempo de disfraces, y las palabras
pierden sus adornos.
Es el momento
de mostranos las verdades.
Desnudos los espejos,
parecen más limpias las miradas.
Repites tus palabras;
repito mis promesas.
Todo se romperá en pedazos
si habitan las mentiras.
Sólo hay silencio.
Ahora sabemos,
sin ninguna duda,
que nuestras palabras
siempre fueron sinceras.
Definiciones: RELOJ
Mide las unidades de tiempo, convenio creado por los seres humanos para entenderse unos con otros. También son convenios las unidades de peso o de longitud. Una prueba de que el tiempo no existe es que los niños pequeños no lo entieden ni lo utilizan. Cuando el ser humano aprende a medir el tiempo, aprende también a ser infeliz. Sölo son bonitos los relojes de pared con carrillón y péndulo.
Definiciones: MAR
Espacio que cubre la mayor parte de un planeta absurdamente llamado Tierra. La mayoría de las personas se sienten serenas frente al mar, porque pasan los primeros meses de sus vidas flotando en el agua.
Al mar, como al cielo estrellado, se le formulan las grandes preguntas. A veces los pescadores y los bañistas son atrapados por una gran pregunta, y quedarán retenidos en ella hasta que alguien sea capaz de responderla. Los faros son el principio de una respuesta.
Al mar, como al cielo estrellado, se le formulan las grandes preguntas. A veces los pescadores y los bañistas son atrapados por una gran pregunta, y quedarán retenidos en ella hasta que alguien sea capaz de responderla. Los faros son el principio de una respuesta.
