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Regreso
Bueno, ya estoy de vuelta después de un ausencia demasiado grande... os pido disculpas a todos por el silencio.
Dejo arriba el principio de una historia: si alguien se anima puede continuarla, y yo seguiré escribiendo a partir de su comentario.
Dejo arriba el principio de una historia: si alguien se anima puede continuarla, y yo seguiré escribiendo a partir de su comentario.
17/01/2005 21:54 Enlace permanente. No hay comentarios. Comentar.
Esperando un barco
Lucas dejó atrás el faro y se sentó al borde del acantilado. Frente a él se extendían un cielo limpio de nubes y el mar; resultaba difícil saber dónde empezaba uno y terminaba el otro. Aquel horizonte curvo era la mejor recompensa para su viaje. Después de un mes caminando, por fin había llegado a Finisterre. Recordó a todos los que encontró en el camino; habitantes de los pueblos y compañeros de viaje. Muchas veces sintió el deseo de quedarse en algún lugar, o de permanecer unido a un grupo. Pero tenía que llegar al final; había continuado cada día a pesar del cansancio y las ampollas, con la esperanza de que frente al mar hallaría las respuestas. Y ahora, en el silencio del atardecer, lo único que venía a su mente una y otra vez era la imagen de sus pies mientras caminaba.
Abrazo
Si pudiera esta noche tejer tu sueños,
qué lugar te inventaría.
Despertarías en la orilla
y el mar envolvería tu cuerpo desnudo.
El sol pintaría tus hombros,
y sin que apenas lo sintieras
una leve brisa barrería tus miedos.
Si pudiera,
con un pincel fino
pintaba en las paredes
tu verso favorito,
para que al leerlo
sintieras que mi mundo
es por fin nuestro.
qué lugar te inventaría.
Despertarías en la orilla
y el mar envolvería tu cuerpo desnudo.
El sol pintaría tus hombros,
y sin que apenas lo sintieras
una leve brisa barrería tus miedos.
Si pudiera,
con un pincel fino
pintaba en las paredes
tu verso favorito,
para que al leerlo
sintieras que mi mundo
es por fin nuestro.
Esperando un barco (II)
Decidió bajar al pueblo a descansar y regresar al acantilado por la mañana. Mientras bajaba la carretera, se fijó en una pequeña cala, casi oculta entre las rocas. Encontró el camino que descendía hasta la playa, y cuando llegó le agradó ver que no había nadie; sólo una muchacha sentada en la arena. A su lado, de pie, una gran maleta de piel marrón, rodeada por un surco de arena que servía de soporte. Se sentó a su lado; ella ni siquiera le miró. Su vista estaba fija en el horizonte. No parecía tener interés en hablar; tal vez no tuviera interés en nada salvo el mar. Lucas la observó durante unos minutos, atraído por la serenidad de aquel rostro. Intrigado por saber de qué color serían sus ojos, se decidió a preguntar:
- ¿qué haces aquí?
- Estoy esperando un barco - Respondió ella, sin girarse.
- ¿qué haces aquí?
- Estoy esperando un barco - Respondió ella, sin girarse.
Fragmento de Gastón Bachlelard, en "La terre et les réveries de la volonté"
"Si destruís los sueños, aplastáis al obrero. Si descuidáis los poderes oníricos del trabajo disminuís, aniquiláis al trabajador. Cada trabajo tiene su onirismo, cada materia trabajada aporta sus sueños íntimos. El respeto a las fuerzas psicológicas profundas debe conducirnos a respetar contra todo atentado el onirismo del trabajo. Nada bueno se hace a desgana, es decir, a contrasueño. El onirismo del trabajo es la condición misma de la integridad mental del trabajador. ¡Ojalá venga un tiempo en que cada trabajo tenga su soñador titulado, su guía onírica, en que cada manufactura tenga su oficina poética!"
Tomado del libro de Savater "Invitación a la ética"
Tomado del libro de Savater "Invitación a la ética"
